Leganés

Atizando la lumbre

Un viaje de ningún sitio a todas partes

Sueños de un soñador

16/12/2008

Un martes cualquiera en Leganés

¡Ring, ring, ring! ¡ring, ring!


Giro de 180 grados, estiro la mano izquierda, pero no alcanzo a parar ese maldito cacharro.

¡Ring, ring…! Vuelvo a intentarlo. Por fin logró acabar con ese odioso sonido que ameniza todas las mañanas, o mejor dicho, cada final de la noche. Son las 5 y media. No han puesto ni las calles y ese minúsculo aparato comienza a hacerme el día imposible cuando ni siquiera lo he comenzado. Me cuesta desenredarme, salir de la manta 15 segundos, desprenderme de la sábana, 10 y quitarme de encima la colcha otros 10, más de medio minuto, en desenroscarme del calor que me ata a la cama a unos 30 grados centígrados en las frías noches de invierno. Una vez fuera, el ambiente parece gélido, la calefacción trabaja a 23 grados, pero esa bajada de 7 grados me parece increíble, un escalofrío recorre todo mi cuerpo. Casi tiritando, entro en la ducha, con el agua cayendo a 36 grados, una temperatura ideal para por fin despertarme y devolverme a la condición de persona, luego, cuando sube a 38, se me desentumecen los músculos y hasta llego a disfrutar, si no fuese por el largo y frío día que me queda por delante. Acabo la ducha con agua templada y fresca, ideal para empezar la jornada con vigor, para por fin además de despertarme, poder animarme.

La salida es lo peor. Un minuto de angustia hasta completar el puzzle y encajar todas las piezas. Un desayuno rápido y al garaje. El termómetro del coche marca 8 grados en el exterior, pero una vez que estás en la calle, comienza un descenso vertiginoso, sin apenas rodar 200 metros, un zumbido del coche te advierte de que has pasado la barrera de los 3 grados. Sólo me reconforta que la calefacción de mi viejo Ford se esfuerza para llegar lo antes posible a los 21. Callejeo casi por instinto, por unas calles que son siempre las mismas, a las que apenas presto atención, cuando de repente me cruzo con otro auto. Debe ser, el otro, el de siempre, el que te acompaña por las calles desiertas a las 6 de la mañana. Una nueva mirada al termómetro del coche y ve que parece estabilizado en los 0 grados. Como diría el otro, ni frío ni calor, pero no, es sólo un espejismo, entramos en números rojos, del 2 pasamos al 3 y de ahí al 4 y cuando está carrera parece finalizada, la pantalla nos cambia al 5. 5 grados bajo cero, frío, ¿quién dijo frío?

Giro a la derecha con el coche y luego a la izquierda (he de reconocer que se me da mucho mejor) y sí, allí están ellos. Una decena de personas desparramada por el suelo. Cuerpos hechos un ovillo, envueltos a mantas que parecen nuevas, recién estrenadas, con cajas de cartones de cintura para abajo. Casi percibo sus tiritones desde el coche, algo que para ellos se ha convertirdo en meros actos reflejos. Son siempre los mismos, son los mismos de siempre y quizás eso es lo mejor de todo. Malo el día que no lo sean. Están cerca de la estación de Leganés Central y de la calle de Santa Teresa. Duermen al desamparo del supermercado Eroski. Lo que por el día es un ir y venir de gentes para llenar sus despensas, por la noche se transforma en improvisadas habitaciones a la intemperie, sólo protegidos por el voladizo y algún que otro ángel de la guarda. Escasean, pero el último que paso por allí debe ser el responsable de que esta áspera noche luzcan mantas nuevas.

Sueño en voz alta y pienso en el Pleno, ese sitio donde se deciden o no las cosas. Es el jueves, a las 11.00 h y el punto fuerte son los presupuestos para el año que viene. ¿No habrá dinero para poder abrir la estación de metro de Leganés Central durante las gélidas noches de invierno? Y ya puestos a soñar, ¿por qué no un polideportivo con calefacción? Y si ya soñamos, ¿por qué no pensar en construir un futuro albergue? Ellos son los que tienen la llave de todo, ellos, los del Pleno, los que van a ese sitio donde se deciden las cosas, los que deciden que hacer con el dinero de los otros. Los que duermen calentitos. ¿Soñarán ellos?

¡Ring, ring, ring! ¡ring, ring!

¡Ring, ring, ring! ¡ring, ring!

¡No, maldita sea! Suena el despertador. Debo levantarme. Todo ha sido un sueño, o quizás no...

 

www.atizandolalumbre.blogspot.com

http://leganes.cuadernosciudadanos.net/neptuno28/2008/12/16/suenos-de-un-sonador/
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